La valoración de empresas se apoya en tres familias de métodos: el descuento de flujos de caja (DCF), los múltiplos de empresas o transacciones comparables y los métodos patrimoniales. No existe un método universalmente correcto; el adecuado depende de la finalidad de la valoración, de la información disponible y de la naturaleza del negocio. En términos generales, el DCF es el más útil para negocios en funcionamiento con flujos previsibles, los múltiplos sirven de contraste de mercado y el método patrimonial responde mejor en sociedades patrimoniales, en liquidación o con resultados débiles.
Hay, además, un factor que se pasa por alto con frecuencia y que afecta a los tres: cómo se tratan los gastos de la sociedad. Un gasto no recurrente, una retribución que no es de mercado o una contingencia fiscal pendiente pueden mover el valor resultante en cifras muy relevantes.
Método 1: descuento de flujos de caja (DCF)
El DCF estima el valor de la empresa como el valor actual de los flujos de caja libres que se espera que genere, descontados a una tasa que refleja el coste de capital y el riesgo del negocio. Sus componentes esenciales son cuatro:
- Proyección de flujos a un horizonte explícito (habitualmente de tres a siete años), sobre la base de un plan de negocio razonable.
- Tasa de descuento, normalmente el coste medio ponderado del capital (WACC), construido a partir del coste de los recursos propios y ajenos.
- Valor terminal, que capta el valor del negocio más allá del horizonte explícito, bien mediante una renta perpetua con crecimiento moderado, bien con un múltiplo de salida.
- Bridge a valor del capital: deducción de la deuda financiera neta y de otros pasivos asimilables a deuda, y suma de activos no operativos.
La fortaleza del DCF es que obliga a explicitar hipótesis. Su debilidad es la sensibilidad: variaciones pequeñas en la tasa de descuento o en el crecimiento a perpetuidad pueden alterar mucho el resultado, y el valor terminal suele concentrar una parte sustancial del total. Por ello, un informe de calidad incluye análisis de sensibilidad y justifica cada hipótesis con evidencia verificable.
Método 2: múltiplos de comparables y de transacciones
Este método parte de que activos similares deben cotizar a precios parecidos. Se seleccionan empresas o transacciones comparables y se aplican sus ratios (por ejemplo, valor de empresa sobre EBITDA, sobre ventas o PER) a las magnitudes de la sociedad valorada. Para quien necesita una referencia de mercado, es un método rápido y fácil de comunicar. En la práctica, las valoraciones de empresas y activos de ValiTax contrastan habitualmente más de un método precisamente para evitar depender de una sola lectura.
Sus limitaciones son conocidas: encontrar comparables realmente homogéneos es difícil en pymes y empresas familiares; los múltiplos de sociedades cotizadas no reflejan la falta de liquidez de una participación no cotizada; y los precios de operaciones privadas rara vez son públicos con detalle suficiente. En consecuencia, a menudo se aplican ajustes por tamaño, iliquidez o control, que deben justificarse y no ser arbitrarios.
Método 3: métodos patrimoniales
Los métodos patrimoniales valoran lo que la sociedad tiene, no lo que genera. El punto de partida es el patrimonio neto contable, que luego se ajusta para reflejar el valor razonable de los activos y pasivos (el llamado valor patrimonial ajustado o neto sustancial). Un escalón más es el valor de liquidación, que supone la venta ordenada o forzosa de los activos y la cancelación de las deudas.
Es el método natural para sociedades patrimoniales o inmobiliarias, holdings, empresas con resultados negativos y situaciones de crisis. Su límite es que ignora el valor del negocio como unidad en funcionamiento, es decir, el fondo de comercio y el potencial de generación futura de beneficios.
Comparativa rápida de los tres enfoques
| Método | Mejor para | Limitación principal |
|---|---|---|
| DCF | Negocios en marcha con flujos proyectables | Alta sensibilidad a hipótesis y a la tasa de descuento |
| Múltiplos | Contraste con el mercado y operaciones | Dificultad para hallar comparables homogéneos |
| Patrimonial | Sociedades patrimoniales, liquidación, resultados débiles | No capta el valor del negocio en funcionamiento |
Cuál usar según la finalidad
La finalidad condiciona el método y hasta la definición de valor. No se valora igual para una compraventa que para una sucesión, un conflicto entre socios, una reestructuración o la defensa ante una comprobación de valores. Entre las finalidades más frecuentes de un informe de valoración están las siguientes, que se describen con detalle al hablar de las finalidades de los informes periciales:
- Compraventa o entrada de socios: suele combinarse DCF y múltiplos, con ajustes por deuda y contingencias.
- Procedimientos tributarios: importa que el método sea reconocible y razonado, porque se discutirá frente a los medios de comprobación de la Administración.
- Sucesiones y donaciones: prima el valor real a la fecha del devengo.
- Operaciones societarias: se exige coherencia entre el valor de los elementos transmitidos y la contraprestación.
El efecto de los gastos: normalizar antes de valorar
Aquí es donde el enfoque fiscal marca la diferencia. Cualquier método basado en resultados (DCF y múltiplos) parte de un EBITDA o un flujo que debe ser «normalizado», es decir, depurado de elementos que no representan la capacidad recurrente del negocio. Los ajustes más comunes son:
- Gastos no recurrentes: indemnizaciones extraordinarias, costes de una reestructuración puntual, honorarios de una operación singular.
- Retribuciones de socios o familiares fuera de mercado: sueldos inflados o, al contrario, inexistentes, que distorsionan el resultado. Se ajustan al coste que supondría contratar a un directivo equivalente.
- Gastos personales o de uso mixto asumidos por la sociedad, que reducen el beneficio operativo contable y que, al eliminarse en la normalización, aumentan el resultado recurrente.
- Operaciones con partes vinculadas a precios no de mercado, como alquileres o servicios intragrupo.
- Contingencias fiscales: cuotas potenciales por gastos no deducibles o criterios discutibles, que se tratan como pasivo contingente a descontar del valor.
Ejemplo hipotético: una sociedad presenta un EBITDA contable de 800.000 euros. Tras normalizar, se añaden 150.000 euros de gastos no recurrentes y 50.000 euros de retribución excesiva a un socio, y se restan 60.000 euros por el coste de mercado de un directivo que hoy no cobra. El EBITDA normalizado sería de 940.000 euros. Con un múltiplo ilustrativo de 5 veces, el valor de empresa pasaría de 4,0 a 4,7 millones. Son cifras inventadas con fines didácticos, pero muestran que la normalización puede representar una diferencia mayor que la elección entre un método u otro.
Valoración y contingencias fiscales
Un comprador racional descontará del precio el riesgo fiscal. Si la sociedad ha deducido gastos que podrían no superar una inspección, o si mantiene bases imponibles negativas cuya aplicación puede discutirse, el valor del capital debe reflejar esa incertidumbre mediante provisiones o mecanismos contractuales de ajuste. Por eso la revisión fiscal y la valoración deben ir de la mano. Una asesoría legal y fiscal que acompañe la operación puede identificar esos riesgos antes de fijar el precio, y el perito traducirlos a cifras.
Para entender cómo se plasma todo esto en un dictamen, resulta ilustrativo el artículo sobre cómo se valora una empresa en un informe pericial, que complementa este análisis desde la perspectiva del contenido del informe.
Cómo documentar la valoración
Una valoración defendible ante un tercero (comprador, juez o inspector) debe poder reproducirse. Esto exige indicar la fecha de valoración, las fuentes de información, las hipótesis clave y su justificación, los ajustes aplicados y sus cuantías, y el análisis de sensibilidad. También conviene dejar constancia de las limitaciones del trabajo y de la información que no se ha podido verificar. Un rango de valor razonado suele ser más honesto y más útil que una cifra única presentada con falsa precisión.
Preguntas frecuentes
¿Qué método de valoración es el más fiable?
Ninguno lo es por sí solo. Lo habitual es aplicar al menos dos y contrastar los resultados, explicando las diferencias. La coherencia entre métodos aporta credibilidad.
¿Se valora igual una empresa para vender que para una herencia?
No necesariamente. Cambian la fecha de referencia, la definición de valor aplicable y, a menudo, la información admisible. Por eso la finalidad debe fijarse al inicio del encargo.
¿Influyen los gastos no deducibles en el valor?
Sí, de dos formas: modifican el resultado fiscal y la carga impositiva proyectada, y pueden revelar contingencias que reducen el valor del capital. El perito debe tenerlo en cuenta al normalizar.
¿Puede discutirse una valoración ante Hacienda?
Sí. Cuando la Administración comprueba valores, el contribuyente puede aportar una valoración técnica que contraste los medios utilizados por aquella y, en su caso, promover una tasación pericial contradictoria.
Conclusión
El DCF, los múltiplos y los métodos patrimoniales son herramientas complementarias, y su elección debe responder a la finalidad y a la naturaleza del negocio. Más allá del método, la calidad de la valoración depende de la normalización de gastos, del tratamiento de las contingencias fiscales y de la transparencia con la que se documentan las hipótesis. Una valoración bien fundada no pretende ser exacta: pretende ser razonada, reproducible y defendible. Para conocer el detalle de las fases de trabajo, puede consultarse la metodología pericial de ValiTax.
Luis Miguel Larriba, perito judicial acreditado